A lo largo del S. XX la preponderancia económica de EEUU y en general del mundo anglosajón y sus regiones de influencia directa, llevaron al inglés a posicionarse como lengua franca internacional y predominante en la esfera económica, política y diplomática internacional.
Las principales publicaciones científicas, universitarias, periodísticas o pedagógicas son producidas o en su defecto traducidas al inglés. Por tanto, un ciudadano del S. XXI no está en sintonía comunicativa con el mundo si no habla y entiende la lengua mundialmente utilizada como segundo idioma, el inglés. Esta es una tendencia que se consolida y no decrece, ya que en los países del nuevo polo alternativo de gravitación de la economía mundial, el continente asiático, el inglés es también la lengua extranjera más conocida.

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